jueves, 10 de septiembre de 2026

Bueno... sigo viva

(Tenía planeado escribir sobre componentes sanguíneos y terminé desapareciendo del mapa porque empezó la universidad) 

Creo que mi blog quedó un poquito abandonado.

No porque haya dejado de tener cosas que escribir, sino porque la universidad decidió consumir mi tiempo libre JAJAJA

Cuando empecé este blog tenía un montón de ideas y estaba publicando bastante seguido, pero entre clases, trabajos, estudiar y todas esas cosas que vienen con estudiar veterinaria, terminé dejando esto un poquito de lado.

Y la verdad es que sí lo extrañaba.

Extrañaba sentarme a escribir cualquier cosa que tuviera en la cabeza y después verla publicada aquí.

Así que supongo que esta entrada es simplemente mi manera de decir: hola, volví.

No prometo publicar todas las semanas ni tener un calendario perfecto porque probablemente la universidad vuelva a hacer de las suyas, pero sí quiero seguir escribiendo cuando tenga algo que contar.

Todavía tengo un montón de ideas pendientes, desde cosas de Veterinaria hasta música, películas, historias personales y probablemente alguna otra obsesión que aparezca en el camino.

Así que...

rockstar.vet, segunda temporada!! (A ver cuánto me dura esta vez JAJAJAJA)

jueves, 13 de agosto de 2026

ANTES DE TOCAR A UN PACIENTE, YA ESTÁS EXAMINÁNDOLO!

Creo que una de las cosas que más ha cambiado desde que empecé a estudiar veterinaria es la forma en la que veo a los animales.

Antes de entrar a la carrera, podía ver a un perro caminar y simplemente pensar “está caminando”.

Ahora probablemente me quedaría mirando un poquito más.

¿Está caminando normalmente? ¿Apoya las cuatro patas? ¿Está encorvado? ¿Se mueve con dificultad? ¿Está tranquilo o parece incómodo? ¿Cómo reacciona cuando alguien se acerca?
Y lo curioso es que todo eso puede empezar a darte información incluso antes de tocar al paciente.

A medida que fui llevando más cursos y aprendiendo sobre exploración física, empecé a entender que observar también es parte del examen. No siempre necesitas un estetoscopio o algún aparato para empezar a preguntarte qué podría estar pasando.

La postura, la manera de caminar e incluso la actitud de un animal pueden darnos pistas.

Por ejemplo, un animal que siente dolor puede cambiar su postura, moverse menos, evitar apoyar una extremidad o simplemente comportarse de una manera diferente a la habitual. Claro que ninguna de estas cosas por sí sola nos dice exactamente qué tiene, pero sí nos indica que hay algo que merece nuestra atención.

Y creo que esto es especialmente importante porque los animales no pueden decirnos directamente qué les pasa.

No pueden decirnos “me duele aquí” o “desde ayer me siento mal”. Nosotros tenemos que aprender a observarlos y, poco a poco, entender ese lenguaje que utilizan todo el tiempo.

También aprendí que no debemos interpretar una conducta sin tener en cuenta el contexto. Un perro que se muestra agresivo en una consulta no necesariamente es “un perro malo”. Puede estar asustado, estresado, sentir dolor o simplemente encontrarse en un lugar desconocido.

Antes veía muchas de estas cosas sin pensar demasiado en ellas.

Ahora las observo de otra manera.

Y creo que esa es una de las cosas que más me gusta de estudiar veterinaria: poco a poco empiezas a aprender un lenguaje que los animales llevan toda la vida hablando, pero que nosotros tenemos que aprender a escuchar.

Así que sí, supongo que una de las primeras cosas que aprendes como estudiante de veterinaria es que antes de tocar a un paciente, ya estás examinándolo.

viernes, 7 de agosto de 2026

LA PRESIÓN DE CUMPLIR SUEÑOS CUANDO TIENES MIEDO

Siempre escuchamos frases como "persigue tus sueños" o "si de verdad lo quieres, lo vas a conseguir".

Y aunque me gustaría creer que siempre es así, creo que pocas personas hablan del miedo que también viene con esos sueños.

Porque sí, tener un sueño es bonito.

Pero también da miedo.

Da miedo sentir que todos avanzan mientras tú sigues intentando encontrar tu lugar. Da miedo equivocarte. Da miedo pensar que tal vez no eres suficiente o que nunca vas a llegar a donde imaginabas.

Creo que muchas veces idealizamos el camino hacia nuestros sueños. Pensamos que todo consiste en esforzarse y ya. Pero la realidad es que, a veces, uno se cansa. Duda. Llora. Se compara con los demás y se pregunta si realmente vale la pena seguir.

Yo también he pasado y paso por eso.

Hubo momentos en los que sentí que mi sueño de convertirme en veterinaria se alejaba de mí. No porque dejara de quererlo, sino porque el camino no salió como había imaginado.

Y duele.

Duele ver cómo otras personas siguen avanzando mientras tú sientes que te quedaste en el mismo lugar. Duele pensar que quizá decepcionaste a quienes creían en ti. Incluso llegas a preguntarte si realmente eres capaz.

Pero hay algo curioso.

A pesar de todo ese miedo, nunca dejé de imaginarme siendo veterinaria.

Cada vez que dudaba, seguía existiendo una parte de mí que decía: "Esto sigue siendo lo que quiero."

Y creo que eso es lo que me ha hecho seguir.

No porque sea una persona valiente todo el tiempo. La verdad es que muchas veces tengo miedo. Miedo a fallar otra vez, a no cumplir las expectativas o simplemente a no llegar.

Pero también creo que los sueños importantes nunca vienen sin incertidumbre.

Hoy sigo estudiando.

Sigo teniendo días en los que siento que puedo con todo y otros en los que me pregunto si realmente voy por el camino correcto.

Supongo que eso también forma parte del proceso.

No escribo esto porque tenga todas las respuestas ni porque ya haya cumplido mi sueño.

Lo escribo porque, si alguien está leyendo esto y también siente miedo de perseguir lo que más quiere, quiero que sepa que no está solo.

Quizá avanzar con miedo siga siendo avanzar.

Y, por ahora, eso es suficiente para mí.

Ojalá algún día vuelva a leer esta entrada ya siendo veterinaria y pueda sonreír al recordar todo el miedo que sentía hoy.

jueves, 6 de agosto de 2026

¿POR QUÉ SIEMPRE VUELVO A LA TIERRA MEDIA?

Hay películas que ves una vez y te gustan. Hay otras que vuelves a ver porque simplemente son buenas.

Y luego está la Tierra Media.

La verdad es que no recuerdo exactamente cuándo vi por primera vez El Señor de los Anillos o El Hobbit. Desde que era pequeña, mi papá siempre las ponía en la televisión y yo terminaba viéndolas con él. Así fue como conocí este mundo que, sin darme cuenta, se convertiría en uno de mis favoritos.

Con los años nunca dejé de volver.

Me pasa algo muy curioso. Estoy tranquila viendo TikTok y de repente aparece un video con una curiosidad sobre Tolkien, una escena o simplemente la banda sonora... y automáticamente pienso: "Tengo que volver a verla". Y ahí voy otra vez.

Creo que por eso las considero mis películas refugio.

Hay algo en la Tierra Media que me transmite una tranquilidad que pocas historias consiguen. No sé si son los paisajes, la música o la forma en la que está construido ese mundo, pero siempre termino sintiendo que estoy regresando a un lugar conocido.

Uno de mis lugares favoritos es, sin duda, La Comarca.

No sé cómo explicarlo, pero cada vez que aparecen esas tomas de las colinas verdes y las casitas hobbit siento una paz enorme. Sé que gran parte de esas escenas fueron filmadas en Nueva Zelanda y, sinceramente, me parece uno de los escenarios más bonitos que he visto en una película.

Otra de las cosas que más disfruto son los personajes. Cada vez que vuelvo a ver la saga encuentro algún detalle que antes no había notado.

Y justo hace unos días pasó algo que tenía pendiente desde hace muchísimo tiempo.

Por fin me compré el libro "El Hobbit".

Siempre había conocido la historia gracias a las películas y a esos videos de curiosidades que veía hace años en YouTube. En esa época todavía no existía la facilidad de preguntarle cualquier cosa a una inteligencia artificial; si querías saber más sobre la Tierra Media, terminabas viendo videos, leyendo foros o buscando información por tu cuenta.

Recién estoy empezando el libro y me está encantando.

Obviamente ya me he dado cuenta de que hay diferencias con la película, pero, aun así, sigo pensando que El Hobbit tuvo una adaptación que disfruto muchísimo. No será idéntica al libro, pero para mí conserva esa magia que hace que siempre quiera volver a verla.

Supongo que todos tenemos una historia a la que regresamos cuando necesitamos desconectar un rato del mundo.

La mía siempre va a ser la Tierra Media.

¿Cuál es la tuya? Déjame en los comentarios!!

EL PERRO QUE ME ACOMPAÑÓ POR AÑOS

No sé muy bien cómo comenzar con esta entrada porque siento que nunca voy a encontrar las palabras suficientes para hablar de mi Orejas.

Orejas era un cocker spaniel negro. Llegó a mi casa en el 2009 cuando era apenas un cachorro. Yo también era una niña de 6 años, así que prácticamente crecimos juntos.

Desde que recuerdo siempre fue un perro travieso y muy gruñón. No era precisamente el perro más paciente del mundo, pero así era él y creo que justamente por eso lo recuerdo con mucho cariño. Creo que todavía nos reímos de algunas de las cosas que hacía. Aunque, bueno... una de esas travesuras hizo que terminara viviendo en un terreno que tenían mis papás.

En realidad, esa no era la primera vez que intentaban llevarlo. Hubo un intento antes, pero no duró mucho porque yo la estaba pasando mal sin él y, por lo que nos dijeron, él tampoco estaba bien. Así que regresó a la casa.

Tiempo después volvió a irse. Esta vez sí se quedó alrededor de un año y medio. Allí vivía con un cuidador que lo quería mucho y siempre estaba pendiente de él. Saber que estaba bien cuidado hacía las cosas un poquito más fáciles, aunque para mí seguía siendo extraño no tenerlo en casa.

Un día fuimos al terreno toda mi familia y encontramos a Orejas muy enfermo. Tenía erliquiosis.

Hay una escena que mi mamá nunca ha podido olvidar.

Durante todo ese tiempo casi no se acercaba a nosotros porque ya se había acostumbrado al cuidador. Pero ese día caminó hasta donde estaba mi mamá, como si de alguna forma estuviera pidiendo ayuda.

Lo llevamos de inmediato a la veterinaria.

Los veterinarios fueron muy sinceros con nosotros. Nos dijeron que no sabían si iba a sobrevivir la noche.

Recuerdo que esa noche casi no pude dormir. Pensaba en él todo el tiempo. Aunque ya no viviera conmigo, seguía siendo mi perro y no quería perderlo.

Pero Orejas nos sorprendió.

Sobrevivió.

Le costó mucho recuperarse, pero salió adelante. Y cuando estuvo mejor, mis papás decidieron que era momento de que volviera a casa.

Solo que ahora había un nuevo integrante en la familia: Coraje.

Coraje todavía era joven y, al principio, no dejaba tranquilo a Orejas. Lo seguía para todos lados y lo fastidiaba bastante. Con el tiempo aprendieron a convivir. No eran esos perros que estaban jugando todo el día, pero cuando todos salíamos de casa, ellos se quedaban juntos. Me gusta pensar que, de alguna manera, se hacían compañía.

Hay algo que entendí muchos años después.

Mi familia y yo cometimos muchos errores con Orejas. No porque no lo quisiéramos, sino porque simplemente no sabíamos.

Cuando llegó a la casa en el 2009, todos éramos nuevos en eso de tener un perro. Mis hermanos y yo éramos pequeños y mis papás también estaban aprendiendo. Había cosas que hoy haríamos completamente diferente.

Cuando Orejas volvió del terreno, por ejemplo, mi mamá ya dejaba que entrara a la sala o que se echara en el piso de nuestros cuartos. Antes eso era impensable.

Con los años todos cambiamos un poquito.

Y creo que, sin darnos cuenta, Orejas fue quien nos enseñó a ser una mejor familia para nuestros perros.

Hoy muchas de las cosas que hacemos con Coraje son gracias a él.

No porque queramos más a Coraje, sino porque aprendimos con Orejas.

Y eso siempre voy a agradecérselo.

Los años pasaron y Orejas empezó a envejecer.

Ya se notaba que no tenía la misma energía de antes. Caminaba más despacio, se levantaba con dificultad, dormía más y poco a poco fui entendiendo que estaba entrando en una etapa muy distinta de su vida.

Recuerdo perfectamente el día en que todo cambió.

Había ido al cumpleaños de mi abuelo y, cuando regresé a la casa, encontré a Orejas echado sobre el pasto. Tenía mucha saliva y apenas lo vi entendí que algo no estaba bien.

Los veterinarios no podían venir esa misma noche. Nos dijeron que tendrían que esperar hasta la mañana siguiente.

No sé cómo hizo, pero Orejas volvió a aguantar una noche más.

Al día siguiente vino el veterinario a la casa.

Orejas tenía quince años recién cumplidos.

Y llegó el momento más difícil que me ha tocado vivir con un animal.

Decidimos despedirnos de él.

Lloré muchísimo ese día.

Todavía recuerdo el almuerzo, el silencio de la casa y a Coraje comportándose de una forma diferente, como si también entendiera que algo había cambiado.

Hay algo de ese día que nunca he podido olvidar.

Mis papás habían salido de la casa y solo estábamos Coraje y yo. En un momento escuché unas pisadas pesadas alrededor de la casa. Lo primero que pensé fue en Orejas, pero miré a Coraje y él estaba conmigo todo el tiempo, así que no podía haber sido él.

Hasta el día de hoy no sé qué fue. Quizá fue mi cabeza intentando asimilar que acababa de perder a mi perro. Quizá simplemente interpreté un ruido de otra manera. Nunca lo voy a saber.

Pero me gusta pensar que, por un momento, Orejas pasó una última vez por la casa antes de despedirse.

Hoy Orejas está enterrado en el jardín de mi casa.

A veces salgo y pienso que, de alguna manera, sigue acompañándonos desde ahí.

Han pasado casi dos años desde que se fue y todavía lo extraño.

Extraño que me siguiera hasta la puerta del baño y se quedara oliendo por debajo esperando que saliera.

Extraño que buscara mis caricias todo el tiempo.


Extraño lo llorón que era.

Y extraño tener a mi negro al lado.

Si hoy estoy estudiando veterinaria, estoy segura de que una parte de esa decisión nació gracias a él.

Orejas fue el primer perro que me enseñó lo fuerte que puede ser el vínculo entre una persona y un animal. También fue quien me hizo entender que despedirse de ellos es una de las partes más difíciles de quererlos.

Ahora Coraje sigue llenando la casa de energía y espero que todavía nos queden muchísimos años juntos.

Pero siempre voy a sentir que una parte de mi corazón le pertenece a ese cocker spaniel negro que llegó a mi vida en el 2009 y cambió mi historia para siempre.

Gracias por todo, mi negro precioso.



viernes, 31 de julio de 2026

¡EL ARTISTA AL QUE SIEMPRE VUELVO!

Hay artistas que simplemente te gustan y luego están esos que terminan formando parte de tu vida. Para mi, Ozzy Osbourne siempre fue uno de ellos. 


Todo empezó gracias a mi papá.

Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, siempre ponía música de los 80 y 90 en el carro o en la casa. Creo que mientras otros escuchaban música del momento, nosotros crecimos con Guns N'Roses, Billy Idol, Queen, Rata Blanca, Vilma Palma (en mi spotify he creado dos playlists titulados rock n' pop era retro en español por si te animas a escucharlo, solo presiona los enlaces y automáticamente te dirigirán a la playlist) y muchas otras bandas que terminaron formando parte de mi infancia sin que yo me diera cuenta.

Pero creo que hubo un momento en el que todo cambió.

Mis padres nos regalaron el juego Guitar Hero para la Nintendo Wii. Para los que nunca lo jugaron, era un videojuego en el que usabas una guitarra de plástico para seguir las notas de las canciones. Puede sonar simple, pero para mi fue mucho más que un juego.

Creo que ahí fue donde empecé a prestarles más atención a las canciones. Ya no eran sólo la música que sonaban en casa; ahora quería saber quién las cantaba, de qué álbum eran y empezar a escucharlas por mi cuenta.

Con el tiempo terminé descubriendo más sobre Ozzy y desde entonces, su música me acompaña para prácticamente todo (estudio, caminatas, si estoy feliz, si estoy triste, etc). Simplemente siempre está ahí.

Y por eso, cuando falleció, sentí una tristeza enorme. Sé que nunca lo conocí y que probablemente suene raro para muchas personas, pero creo que quienes tenemos un artista favorito entienden perfectamente esta sensación. Hay músicos que terminan acompañándote durante tantos años que sientes que forman parte de tu vida.

Al final, eso es lo bonito de la música. Tiene la capacidad de quedarse contigo durante años y de hacer que una canción te transporte a un momento específico de tu vida.

Ahora, si me preguntaran cuál es mi top 5 de Ozzy diría:
  1. Shot in the dark
  2. Under the graveyard
  3. Hellraiser
  4. Waiting for darkness
  5. Bark at the moon
¿Cual es esa banda o artista que ha estado contigo durante distintas etapas de tu vida? Me encantaría leerte en los comentarios!!! 🖤

     

LO QUE NADIE TE CUENTA ANTES DE ESTUDIAR MEDICINA VETERINARIA

Si hace unos años alguien me hubiera preguntado cómo era estudiar

Medicina Veterinaria, probablemente habría respondido algo como: "vas a estar rodeada de perros y gatos todo el día". La verdad es que esa era la imagen que yo también tenía. 

Con el tiempo me di cuenta de que la carrera es muchísimo más que eso. 

Sí, claro que hay perros y gatos, pero también hay bovinos, caballos, aves, animales exóticos... y una cantidad de cursos que, sinceramente, nunca imaginé que iba a llevar (o si). Anatomía, fisiología, farmacología, patología, microbiología... la lista parece no terminar nunca. 

Otra cosa que nadie me dijo es que amar a los animales no siempre es suficiente. Es el motivo por el que muchos empezamos la carrera, pero después descubres que también necesitas mucha paciencia, disciplina y ganas de seguir aprendiendo incluso cuando un tema parece imposible de entender. También hay días en los que sientes que sabes muy poco. Recuerdo que al inicio me frustraba cuando no entendía algo o cuando un examen no salía como esperaba. Con el tiempo entendí que sentirse así es parte del proceso y que nadie nace sabiendo. Algo que me gusta mucho de esta carrera es que nunca deja de sorprenderme. Siempre aparece una enfermedad que no conocía, una especie de la que nunca había escuchado o un caso clínico que me hace querer investigar más. Creo que eso es justamente lo bonito de la veterinaria: siempre hay algo nuevo por aprender. ¿Es una carrera difícil? Sí, bastante. Hay momentos de estrés, noches de estudio y mucho esfuerzo detrás de cada curso. Pero también hay una satisfacción enorme cuando entiendes un tema que antes parecía imposible o cuando recuerdas por qué decidiste estudiar esto desde el principio. Todavía me queda mucho por aprender y seguramente este blog también va a crecer conmigo. Quiero usar este espacio para compartir apuntes, experiencias, recomendaciones y todo lo que vaya descubriendo durante el camino. Quizá alguna entrada le sirva a alguien que recién empieza la carrera, o simplemente a alguien que tenga curiosidad por saber cómo es este mundo. Y si tú también estudias veterinaria (o estás pensando hacerlo), bienvenido. Espero que te sientas como en casa por aquí. 🤍